UNA FLOR ABRILLANTADA: Marosa di Giorgio

Por la noche oí un rumor. Supe que algo había cambiado en el jardín [MG].

“Todo jardín escrito tiene sus riesgos”, dice María Negroni, y Marosa di Giorgio hizo del riesgo su más preciado amuleto. La voz de la poeta, arraigada en la belleza de lo terrible, inocente y tenebrosa al mismo tiempo, estuvo siempre tocada por lo animal, por lo divino. Sus poemas son el resultado de una búsqueda rigurosa, casi sobrenatural, de ahí su extravagancia, el poder de crear lo mismo que su nombre, una flor abrillantada.

El mundo de Marosa, bosque habitado por magnolios y naranjos, animales fantásticos, piedras preciosas, tacitas de té, flores y ángeles y brujas, es un edén alejado de la vida urbana. En la realidad poética construida por la escritora uruguaya, lo fantástico es lo real, lo posible. Las cosas siniestras revelan su lado más hermoso, lo sobrenatural deja de serlo para convertirse en el acto diario, cotidiano, y Marosa di Giorgio aparece con sus ojos atentos y su voz puntual para nombrarlo.

Acercarse a la poética de Marosa es ser testigo de  uno de los procesos más virtuosos y complejos que puede experimentar el ser humano: la recuperación de la infancia. Aun cuando esta sea una infancia herida.

De Magnolia (1965)

1

Aquella muchacha escribía poemas; los colocaba cerca de las hornacinas, de las tazas. Era cuando iban las nubes por las habitaciones, y siempre venía una grulla o un águila a tomar el té con mi madre.

Aquella muchacha escribía poemas enervantes y dulces, con gusto a durazno y a hueso y sangre de ave. Era en los viejos veranos de la casa, o en el otoño con las neblinas y los reyes. A veces, llegaba un druida, un monje de la mitad del bosque y tendía la mano esquelética, y mi madre le daba té y fingía rezar. Aquella muchacha escribía poemas; los colocaba cerca de las hornacinas, de las lámparas. A veces, entraban las nubes, el viento de abril, y se los llevaban; y allá en el aire ellos resplandecían; entonces, se amontonaban gozosos a leerlos, las mariposas y los santos.

6

Cuando suben los caracoles por el arco iris, y en los lejanos palomares, las palomas arrullan sus pimpollos parecidos a huevos de rosa y la rosa pone su huevo y en el horizonte prende otra vez la guerra, transitan los guerreros y las flores. Cuando entra la luna por la chimenea y cada platillo sostiene tenazmente su hálito, su pandorga de almíbar, de aroma, y las mesas y las camas parecen margaritas con abejas, y se salen los príncipes de los medallones -el tallo esbelto, de plata, la cara amarilla- y traemos la lámpara, las tazas, y alguna tacita vuela tenuemente, choca apenas con algún florido mueble. Y allá, por el aire, María y los pájaros toman el té.

Marosa di Giorgio

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Acerca de DANIELA CAMACHO

México, 1980. Poeta y traductora.
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5 respuestas a UNA FLOR ABRILLANTADA: Marosa di Giorgio

  1. Leo Lobos dijo:

    Mis saludos desde Santiago de Chile, un gusto visitar este espacio lleno de silencios y magicos contornos. Abrazo,

    Leo Lobos

  2. Hermoso post!. Muy bien la temática y el estilo del blog.
    Vendré con frecuencia por acá.

  3. Alicia Escamilla Yarahuán dijo:

    Daniela, por fin un blog con sentido…felicidades, y seguire tus letras lo prometo. Un abrazo fuerte hasta Japón 😀

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