SONATA PARA LOS INTRANQUILOS

O la lectura, esta vez más luminosa, de Enrique Molina. Porque algo ha sido dicho y yo no encuentro otra manera: “Moraba en ti junto al relámpago” [E.M].

(Imagen: Fuyuko Matsui)

La voluptuosidad de las aves migratorias

Tan lejos de la felicidad de las familias
Como la mendiga que riega los geranios con un líquido fosforescente
Como los pies de la aventura sobre el nácar de lo imprevisto
Un lugar de hierros al rojo
Hierro de canciones de mar de náufragos de golpe de sueños contra los arrecifes de cocina ennegrecidos por el uso
Y las lámparas colgando de los mástiles de la techumbre
Con el secreto de las aves migratorias y el viento que provoca una sed inextinguible en esas cabezas de fuego cercenadas sobre un haz de leña
Siempre rodeados de tentáculos marinos ramificados sobre el lecho
Pues allí palpitaban como un diamante vivo todos los espejismos del ocio
En esos pianos de la marea llenos de plantas oceánicas cuyo perfume es la música de la nostalgia
Y en una ampolla de cristal sobre el estrépito de los muelles a cada partida licuaban su sangre las reliquias de la noche venerada por los amantes
¡Oh Dios mío!
Demasiado feroces demasiado azuzados
Donde jamás la Rueda de la Fortuna deja de tender sus brazos perpetuamente jóvenes y amenazadores
Y nunca tocamos un objeto que no se convirtiera en polvo de idolatría sobre los sentidos
Y nunca hombre ni mujer se destruyeron tan apasionadamente en el esplendor de su amor
Así conocimos las fórmulas de la locura
La pasión de los perros vagabundos
Frases ininteligibles que sólo las caricias descifran
Las lluvias y el desenfreno de la noche
Y las águilas ardientes que caen de pronto sobre los cuerpos queridos para tributarles su cólera
En las barcazas de plumas varadas a modo de lechos sobre la arena de los dormitorios
Con esas nubes de insectos como grandes esferas que hacen tan bella luz suspensas en los lugares más perdidos de este mundo
Iguales al farol de ciertos carros con largos ejes de canciones en ruinas recogiendo los despojos de la tormenta
(La ventana se abría a una neblina misteriosa de color azul pálido
Que pegaba a los vidrios su rostro de niña embellecida por el frío
El piso era un colchón de hojas rojas con el tornasol de la hermosura inalcanzable
Con la fascinación de los abandonos súbitos
Y restos de aves marinas preferidos a todos los juegos de la memoria)

Enrique Molina (Buenos Aires, 1910-1996). Poema del libro Costumbres errantes o La redondez de la Tierra.

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Acerca de ladelallave

"Un día al despertar nos damos cuenta/ de que apenas recordamos el camino hacia esa casa perdida,/ y ahogados de vergüenza y cólera/ corremos hacia ella, pero (como en los sueños)/ todo es ahora distinto: las personas, los objetos, las paredes/ y no nos conoce nadie: somos extranjeros" [A. Ajmátova]. Yo: poeta mexicana en Tokio.
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