[Orientamos el cuerpo hacia los astros vencidos]

Volver al mar de Kamakura

Aquí se esconde un lenguaje: Asteroidea. Carnívora en tu fondo arenoso, hablas de mí con la luz de los estremecimientos.

Te alimentas de lo vivo, Laridae, y vienes a morir al mar. Sin saberlo, cubres tiernamente aquella cicatriz. La turbia enamorada lleva en el oído una pluma como quien se acerca al pensamiento un acorde para siempre.

Llevamos en el cuerpo la temperatura de los animales. Del sueño de los animales. Pero esto es exactamente lo que ves: un corazón aún quebrándose.

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Acerca de ladelallave

"Un día al despertar nos damos cuenta/ de que apenas recordamos el camino hacia esa casa perdida,/ y ahogados de vergüenza y cólera/ corremos hacia ella, pero (como en los sueños)/ todo es ahora distinto: las personas, los objetos, las paredes/ y no nos conoce nadie: somos extranjeros" [A. Ajmátova]. Yo: poeta mexicana en Tokio.
Esta entrada fue publicada en En un lugar para huirse, La casa en Japón. Guarda el enlace permanente.

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