[La habitación blanca, todavía]

La música haciéndose en el lugar de los cuerpos. La palabra deshecha. Los fantasmas que, sucios, tiernamente, me despiden. Tokio tenía que terminar. Se apagó la luz en mi jardín de tulipanes negros. 

(La oscuridad nos protege, me digo. Mi lenguaje es una isla futura).

Llevo puesto un vestido heredado. Donde hubo una mujer hay una muñeca y su collar de colmillos de lobo. Tan triste. Hay el deseo de resucitar lo prohibido, pues la casa infantil está contaminada. Como si una masacre pudiera suceder en miniatura.

Pero he aquí la música, el castillo de papel, ese fulgor de los espejos que nos salva.

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Acerca de ladelallave

"Un día al despertar nos damos cuenta/ de que apenas recordamos el camino hacia esa casa perdida,/ y ahogados de vergüenza y cólera/ corremos hacia ella, pero (como en los sueños)/ todo es ahora distinto: las personas, los objetos, las paredes/ y no nos conoce nadie: somos extranjeros" [A. Ajmátova]. Yo: poeta mexicana en Tokio.
Esta entrada fue publicada en En un lugar para huirse, La casa en Japón. Guarda el enlace permanente.

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