Aelita Andre. Variaciones en torno a una misma obsesión, la infancia [cuarta: el color]

(Imagen: Aelita Andre, Asteroid)

La imaginación: esa luz tan blanca. Pero también el gesto, la virtud, el accidente. Los muros de la casa de muñecas han sido derribados. La oscuridad está sitiada. ¿Qué parte del color es una libertad? Esa. La que el ojo es incapaz de ver. Por la que ahora estás temblando. Dentro del azul hay un jardín, un campo abierto. ¡Daroga!, dices, dripping, dripping, inaugurando tu camino de pequeñas máscaras. En todo desarreglo hay un signo, hay que reconocerlo: lo que más se parece a la violencia son tus manos que acumulan nubes.

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Acerca de ladelallave

"Un día al despertar nos damos cuenta/ de que apenas recordamos el camino hacia esa casa perdida,/ y ahogados de vergüenza y cólera/ corremos hacia ella, pero (como en los sueños)/ todo es ahora distinto: las personas, los objetos, las paredes/ y no nos conoce nadie: somos extranjeros" [A. Ajmátova]. Yo: poeta mexicana en Tokio.
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