Traducción contra el llamado al precipicio: “LE PAROLE” [Entrevista a Alda Merini. Primera parte]

(Imagen: Con Alda Merini, Milán, 2012)

¿Por qué dice siempre que los libros deben ser leídos por personas inteligentes?

Porque son capaces de hacerlos fructificar. No en el sentido de la parábola de los talentos: “Tenías un talento. ¿Has hecho que dé frutos? No, lo he sepultado” [Mateo 24, 14 – Lucas 19, 11-27]. Y bueno, hay gente que lee para decir “he leído un libro”, mientras que yo, cuando leo, me exalto frente a una sola palabra, un adjetivo que me da una idea nueva. Hay distintas maneras de leer; por ejemplo, meditar sobre dos o tres palabras, sobre dos o tres versos. Esta es una buena forma de leer. No se debe leer El nombre de la rosa para decir “¡soy culto!”. Hay que saber inventar un libro.

¿Entonces encuentra más inteligente a quien lee poesía porque se inclina más hacia la meditación de una sola palabra, de un solo verso?

Digamos que el pensamiento de quien lee poesía está abierto a otros horizontes. La poesía es de carácter áspero, procede en modo vertical, la literatura es un terreno más plano.

¿Es difícil ser poeta ahora?

En el momento que estamos viviendo, es muy difícil. A menudo me han preguntado: “¿pero no recuerdas a aquel poeta?” He atravesado diez largos años de silencio, durante los cuales he perdido contacto con la realidad y con estos nuevos nacimientos; por consecuencia, los nombres los ignoro, pero no por eso dejo de intuir que su tejido humano es verdadero; simplemente, no los he conocido.

Para muchos críticos, estas son lagunas horrendas…

Me maravilla, sin embargo, que no se den cuenta de que salir del manicomio es ya, de por sí, un milagro. Y, a propósito, recuerdo que una vez fuera, la primera llamada telefónica que hice fue para Manganelli. Él me dijo, simplemente, “¡Hola, revivida!”. Fue un bellísimo saludo angélico. Fue, de hecho, en aquel momento, que creo haber cantado mi Magnificat.

Una vez me dijo que una persona no puede reclamarse poeta. ¿Todavía piensa así?

Absolutamente. Nadie puede. De lo contrario, se corre el riesgo de escribir sobre el quinto elemento. Sí, algo que explota de forma inesperada. Me gusta mucho la idea de ciertos psiquiatras acerca de controlar los modos y tiempos de la inspiración poética: la poesía es intemporal, sobre todo aquella que se volverá eterna. La poesía conoce, de antemano, su propia eternidad. Aquel que lleva consigo este tipo de poesía sabe que escribe para la eternidad y no puede eludir esta tarea.

La poesía negada, el no poder hacer poesía, entonces, ¿es un sufrimiento físico?

Naturalmente, sí. Si me perdonas la comparación, es como decirle a un futbolista que permanezca inmóvil, detenido, en espera de estallar. Desgraciadamente, las curas de un cierto tipo de médico me han dejado inerte, mientras que cuando estuve en el hospital, el neurólogo me ha liberado, me dio todo el espacio que necesitaba. La condición fundamental de la poesía es la libertad, la alegría. La poesía es júbilo, es transferencia. No se puede hacer poesía en un lugar donde se ha restringido la propia residencia del ser. La poesía es total. Es innegable que en ella hay un punto de encuentro con el dolor, pero no un dolor psiquiátrico inútil. Bartolini dice: “El manicomio es dolor inútil”. Y tiene toda la razón, es este dolor inútil el que crea la poesía aterradora.

¿Entonces, el momento de la escritura poética es, para usted, la liberación?

Sí, ciertamente. Le digo una cosa, hace un año yo era muy feliz de estar en tratamiento, daba paseos, hablaba con los médicos y todo andaba bien. Hasta que vino el incidente en el hospital “Vergani”, porque me había enamorado de una persona. Sufrí una horrible castración de mis sentimientos. Hoy en día, ya no sufro, pero soy un vegetal.

Sin embargo, todavía escribe poesía…

Es verdad, pero sin aquella emotividad y alegría de otro tiempo. Aquel cuando volvía a casa y me decía: “Ahora escribo un bello fragmento para tal persona”. No tiene más sentido para mí, ahora, regalar un pensamiento. Ahora escribo porque he nacido así: no puedo cambiarme el rostro ni la mente. Pero han hecho que me rindiera en mis sentimientos. Se muere de amor, es una muerte gloriosa, basta pensar en Romeo y Julieta: ¡ya es historia! Pero un demente muerto en un manicomio no pasará a la historia. Todo está en saber modular la frecuencia del sentimiento y hacerla compatible con una realidad que tantas veces el enfermo elige. Lo hace para escapar de un dolor muy profundo.

*Fragmento de la entrevista Le Parole”, publicada en el libro Alda Merini. ELETTROSHOCK. Parole, poesie, racconti, aforismi, foto. Stampa Alternativa, Roma, 2010. La entrevista fue realizada por Guido Spaini en 1991.
[Versión en español de DCJ].
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Acerca de ladelallave

"Un día al despertar nos damos cuenta/ de que apenas recordamos el camino hacia esa casa perdida,/ y ahogados de vergüenza y cólera/ corremos hacia ella, pero (como en los sueños)/ todo es ahora distinto: las personas, los objetos, las paredes/ y no nos conoce nadie: somos extranjeros" [A. Ajmátova]. Yo: poeta mexicana en Tokio.
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