Traducción contra el llamado al precipicio: “LE PAROLE” [Entrevista a Alda Merini. Tercera parte]

Le parole I

Le parole II

(Imagen: Henry Darger)

Cito a Maria Corti, de la introducción de su último libro: “…Merini escribe en momentos de especial lucidez, a pesar de que los fantasmas que recitan y protagonizan en el teatro de su mente provienen, a menudo, de los lugares visitados durante la locura…”.

No, querría decir en momentos de especial confusión.

¿De especial confusión?

Si los fantasmas fueran los recuerdos, tal como lo piensa la psiquiatría… Pero no son los fantasmas, son los recuerdos, ¿no?

He visto que en este libro le dedicó un poema a Emily Dickinson… 

Sí, pero nunca me gustó mucho. Tengo todo el respeto por la Dickinson, pero siempre se hacen presentes los celos, porque Michele Pierri la amaba muchísimo. A veces me decía: “¿Por qué no haces como ella?”, y yo: “Porque no tengo una criada”.

Mientras habla de Sylvia Plath…

Ah, la Plath tuvo un amor muy infeliz.

¿Usted ha tenido amores infelices?

Mis amores, todos, han sido infelices, quizá porque no tuve la astucia para decir que los amaba. Quizá he sido más inteligente que los otros, he guardado para mí la mejor parte de la vida. El alma.

En este libro hay un autorretrato suyo…

Ah, sí, me he estudiado mucho no para comprenderme, sería imposible; sino para entender a los otros y herirlos lo menos posible.

¿Tiene miedo de causarle mal a alguien?

Tengo miedo de hacer daño. He hecho sufrir a muchos hombres. No que haya sido la clásica belleza: los hombres siempre han admirado mi inteligencia en lugar de mi cuerpo. Por otra parte, nunca estuve dispuesta a ceder tan fácilmente, estaba muy interesada en la cultura.

Usted escribe: “… En mí habitaba el alma de la prostituta, de la santa, de la sanguinaria y de la hipócrita…”.

Sería el alma de la sanguinaria, porque mi coraje y valentía también me gustan, ¿no? Algunas veces, me hubiera gustado ser más agresiva, y aquí quiero recalcar algo: en el manicomio, la agresividad te es arrebatada, ahora no tengo ni la fuerza para pensar en golpear a alguien.

Y a continuación: “… Si el arte es una dura sustancia, atraviésalo en silencio. No encontrarás hombre esperándote al final. Ni encontrarás el olivo de tu tranquilidad. Si el arte es profundo como tu madre, escúchalo en silencio, ahí donde está muriendo…”

Si fuera de otro modo, no sería capaz de escribir más libros. A propósito de la muerte, me encontré al fondo de tantos funerales diciendo: “¡Espérame!”. Cuando me despido de un libro experimento una sensación similar, no ha sido jamás un episodio muy alegre. Es como perder un hijo.

Y después, el silencio…

La resignación. Ahora el libro les pertenece a los otros. Es muy duro deshacerse de una parte del propio cuerpo. Este es el triste final que te da la poesía.

Pero es una separación sólo momentánea…

Cierto, pero nunca más podrás tocarlo. Cada vez que he esperado un hijo, incluso después de la experiencia del internamiento en el manicomio, he mantenido en mí muy viva la esperanza de poder tenerlo. Luego, ser desgarrada era una cosa terrible. No había nada qué hacer. Hay una relación entre un libro y un hijo. Raramente he pagado a mis editores: un hijo no se paga. Y este es el motivo por el cual me alejé, a regañadientes, de mis poemas.

Pero yo la he visto dar sus poemas con extrema generosidad…

Tratando de olvidar.

Y después los ha visto impresos…

Muchas veces me di cuenta, sólo hasta ese momento, de que había escrito libros maravillosos.

¿Hay personas que la ayudan a escribir?

Sí, y son muy diversos quienes te ayudan a hacer un libro. Quien te ayuda a escribir permanecerá a tu lado por siempre, aunque sea sólo como imagen… Ah, son inolvidables, como Pietro, un médico napolitano que me hizo una propuesta de amor; me había salvado una hija de una enfermedad grave y estaba tan agradecida que me parecía que debía dárselo todo: lo rechacé.  O como el padre Ricardo, del cual tenía necesidad de su existencia. Me cargaba de energía. No había nada entre nosotros, pero juntos vivimos momentos de absoluta redención, jugábamos, reíamos, bromeábamos. Es necesario divertirse, la vida es un juego. Lo pienso siempre. He olvidado el libro que escribí gracias a su ayuda, pero no lo olvido a él. Quizá un poco, pero por despecho.

¿Por qué?

Porque me han obligado a olvidar. Esto para mí es el acto más violento. Los juegos no pueden olvidarse.

Usted ha dicho que se siente católica o, por lo menos, creyente…

Pero mi Dios no es, jamás, pacífico. Es aterrador. Tengo de él una idea catastrófica: un dios pagano, un dios sin misericordia, que no perdona.

¿Y usted perdona?

No, jamás. Soy muy rígida.

¿Cómo es su relación con el mundo que la rodea?

Al menos, mala. He sido traicionada muchas, muchas, veces. Considero la traición lo peor que puede hacer el hombre. Traicionar es un comportamiento animal. El hombre traiciona por ignorancia, no puede hacerlo de manera conciente.

¿La poesía no la satura jamás?

Hay momentos en los que me exaspera a tal punto que quisiera encender el auto y marcharme. Amo viajar, partir incluso sin retorno: el final. Estoy convencida de que quien vive atribulado no logrará la vida eterna. El dolor es una imperfección inexistente en el más allá. El hombre ha nacido para ser feliz, Cristo murió para darnos un mundo ideal, justo, a aquellos que vivimos. Si nos roemos el hígado, ¿qué clase de santidad podríamos alcanzar? No se puede proyectar el paraíso si nos arrastramos en la tierra, donde deberíamos aspirar a la beatitud y la felicidad, y no estar sumergidos en la desesperación. La felicidad es sabiduría, desapego de las cosas del mundo, incluso olvidar el aburrimiento. Uno no necesita ser pobre, estoy hablando de sentimientos. La pobreza de sentimientos se llama vacío de amor. Este gran vacío es transparente, pero se puede ver la locura, la locura y la falta. La falta de alguien muy importante.

En uno de sus libros ha escrito: “…a los treinta años se muere de amor; a los sesenta, de larga espera…”.

Sí. Mire, quiero contarle algo que me entristeció mucho: amaba al padre Ricardo… sí, es la palabra justa. Aunque no pretendía nada, quería verlo. Cuando fue el matrimonio de mi hija –quizá no me lo crea-, esperaba ansiosamente que ella me diera su ramo de flores. Pero en lugar de eso, se lo dio a una muchacha. Me puse mal porque en aquel momento entendí que mi hija me había hecho a un lado… aquí están las viudas que vagan.

Existe una larga, muy larga, espera en la poesía. El momento de la suspensión.

Quizá una espera en el terror de que ya no pueda escucharse.

¿Por qué? ¿Es ella quien llama?

¡Claro que es ella! Lo más extraño es esta manera de inquietarme por su retraso. Estoy tan acostumbrada a estos ritmos fuera de horarios, que cuando no llega temo que se haya terminado. Pero siempre regresa. En estos años he dado mucho, quizá ahora venga un periodo, igualmente conmovedor, de silencio. Me espera una larga vida en manicomio.

¿Por qué?

Porque he trabajado tanto y he ganado muy poco. Y aquello que he ganado no necesariamente ha entrado en mi bolsillo. La mayoría de las veces he trabajado gratis y esto ahora me duele.

En una entrevista usted afirmaba que antes de atenerse a la Ley Baddhelli y acceder así a una pensión, preferiría tener un grado académico…

¡Sí! Siempre ha sido mi sueño. Estoy segura de que la doctora Merini, ante los ojos de la gente, contaría mucho más.

Una persona inteligente no tendría necesidad de saber si Alda Merini ha conseguido o no un grado académico. Basta su poesía…

Pero sería muy bueno que inventaran un título de poeta.

¿Con corona?

La corona la portaban César y Nerón. Luego están las coronas de hierro.

¿Puede amar uno de sus poemas sólo por una hora?

Por supuesto que sí. Y puedo después negarlo, despreciarlo tirándolo al excusado. Y diré más: lo he hecho muchas veces, pues he tenido miedo de que alguien más lo profanara.

¿Y la poesía siempre la ha respetado?

No, me ha pasado por encima de todas las formas posibles.

¿Qué relación tiene con la ironía?

La ironía me salva. En situaciones absurdas, me he escuchado reír a carcajadas. Pero sólo la poesía tiene el poder de redimirme. En los momentos más trágicos, un solo verso ha sido capaz de darme la salvación; y una risa salvaje lo ha puesto todo en su lugar. Maria Corti dice que no he abierto una cuenta de confianza conmigo misma… me recuerda que no he abierto ni siquiera una cuenta bancaria!

*Último fragmento de la entrevista Le Parole”, publicada en el libro Alda Merini. ELETTROSHOCK. Parole, poesie, racconti, aforismi, foto. Stampa Alternativa, Roma, 2010. La entrevista fue realizada por Guido Spaini en 1991.
[Versión en español de DCJ].
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Acerca de ladelallave

"Un día al despertar nos damos cuenta/ de que apenas recordamos el camino hacia esa casa perdida,/ y ahogados de vergüenza y cólera/ corremos hacia ella, pero (como en los sueños)/ todo es ahora distinto: las personas, los objetos, las paredes/ y no nos conoce nadie: somos extranjeros" [A. Ajmátova]. Yo: poeta mexicana en Tokio.
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