POEMAS COMO “REFLEJO OSCURO DE LA NADA”. Un prólogo.

(Imagen: Antología bilingüe Ocho miradas en el vértice / Oito olhares no vértice)
 
esto que somos/ un miedo en lo extranjero del lenguaje
María Negroni

Creo, con Borges, que escribir un poema es ensayar una magia menor[1]. Las palabras del poeta, como llegadas de un lugar desconocido, suceden a la manera del conjuro para lograr un encantamiento, una conmoción lírica. Pero conmover, en nuestro siglo, también significa agitar, hacer pensar, enardecer.

En las páginas de este libro convergen ocho miradas, ocho poetas de dos territorios distintos, Venezuela y Portugal, de lenguas también distintas. Y, a pesar de sus particulares sentidos estéticos, preocupaciones personales o su visión individual del mundo, se reúnen aquí para articular un solo Universo, como quienes deciden revelarse frente a un mismo espejo.

No hablamos de una generación, aunque estos autores hayan nacido entre 1971 y 1982, hablamos de ritmos, de pulsos poéticos que comparten ciertas insubordinaciones y perplejidades, ciertos escenarios, algún miedo, algún asombro. Y es justamente aquí donde se enriquece un discurso que, si bien no pretende ser unitario, encuentra su registro en el alma universal. Los poetas nombran el mundo. Hablan de lo que saben. Su relación con las cosas es, la mayoría de las veces, una relación de desamparo. Buscan un lugar de infancia, un tiempo donde todas las preguntas puedan ser hechas. Se descubre entonces, como la primera vez, que la poesía se hace del misterio. Que la incertidumbre le es necesaria.

Ocho miradas en el vértice da cuenta, pues, de una búsqueda, de un desdoblamiento. Los poetas aquí reunidos escriben porque necesitan recuperar una naturaleza que se desordena en sus ojos, escriben por supervivencia, por amor, para librarse de la angustia de la muerte, para entender su propio lenguaje. Hay quienes lo hacen desde la lucidez y hay también quienes lo hacen desde el lugar del sueño. Aquí se habla de una huida; se ostenta, a la vista de todos, un cuerpo cayendo.

Con un lenguaje antiexperimental, los ocho poetas de esta muestra confirman una estética de lo errante. El lugar de residencia del poema no está en el libro ni en las filas vanguardistas de la época. Ni siquiera lo contiene la forma o el lenguaje. El poema va, puntual, hacia la vida. Hacia donde suceden el mar o la lluvia, al lugar donde los cuerpos agonizan, a las plazas que se pueblan de niños y palomas y, alguien, en alguna hora imprecisa, muere de hambre o de miedo.

Las páginas de este libro encierran un desplazamiento: del sueño a la vigilia, del amor al desamparo, de la infancia a la vejez y de la vejez hacia la muerte, de las cosas íntimas a la catástrofe, de la soledad del hombre hacia un país de pájaros.

Cada poeta, en su lengua original, ensaya una música capaz de resucitar a los nombres. Se hace del poema una plegaria, una confesión, una madriguera.

La traducción, que busca ser fiel a esa melodía, también salva y reconstruye un universo de metáforas e imágenes que, en sus momentos más luminosos, no son artificios retóricos sino verdaderos hallazgos.

Es entonces cuando en el lado más oscuro del lenguaje algo se alumbra y la magia sucede, se logra el poema y el lector habita la casa (el cuerpo, el jardín) donde la belleza, con su oficio de intemperie, nos acecha.

[1] Jorge Luis Borges, en una inscripción a Los conjurados, 1985.

[…]

Escribí estas palabras con mucha emoción y ahora va mi abrazo hasta Venezuela, donde se presentará el libro el próximo martes 31 de julio, a las 4:00 p.m, en la Feria del Libro de Caracas.

Los autores venezolanos incluidos son Eduardo Viloria Daboína, América Martínez, Luis Enrique Belmonte y María Ramírez Delgado. Los portugueses, Catarina Nunes de Almeida, José Rui Teixeira, José Mario Silva y Filipa Leal.

El trabajo de compilación es de Raquel Molina y la traducción estuvo a cargo de Estrella Gomes. El libro se publica bajo el sello del Fondo Editorial Fundarte.

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Acerca de ladelallave

"Un día al despertar nos damos cuenta/ de que apenas recordamos el camino hacia esa casa perdida,/ y ahogados de vergüenza y cólera/ corremos hacia ella, pero (como en los sueños)/ todo es ahora distinto: las personas, los objetos, las paredes/ y no nos conoce nadie: somos extranjeros" [A. Ajmátova]. Yo: poeta mexicana en Tokio.
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Una respuesta a POEMAS COMO “REFLEJO OSCURO DE LA NADA”. Un prólogo.

  1. raquel dijo:

    Gracias Daniela, un gran abrazo!!!!

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