[TRADUCCIÓN o esto sucede en las salas de espera: Mutsuo Takahashi]

[ESTAMOS MUERTOS]

 
Tetsuya
(Imagen: Tetsuya Ishida)
 
Estamos muertos.
Con una granada carcomida y un escarabajo seco a mi lado,
mi cerebro, en un frasco de vidrio con tapa,
y mis recuerdos, en el clamor de una plaza,
haciéndose claros, gradualmente.
 
Plaza:
Una reunión obscena de cebollas y cardos comestibles,
de chismes y decretos, de bodas y ejecuciones.
Tanto las casas como la gente debían vivir unos cerca de los otros,
ya sea para amar o para atormentarse.
 
Ahora, lejos de la plaza,
pero en un lugar donde su bullicio aún puede escucharse,
estamos sentados, uno cerca del otro, todavía,
protegidos por las compañías de la noche:
búhos y serpientes de tierra.
 
¿Qué éramos en el pasado?
El único recurso para diferenciarnos,
esas partes dulces de nosotros, están podridas,
sólo los orificios restantes
abiertos al cielo vacío de los dioses.
 
Nuestras partes dulces estaban
siempre húmedas y brillantes.
Frotándose ferozmente, sollozando,
nerviosamente, derramaron sangre voluptuosa.
Los recuerdos siempre huelen a sangre.
 
¿Son un recuerdo aquellos que salieron de los agujeros,
o es que el recuerdo somos nosotros?
Todos hemos fracasado en volvernos dioses. Por eso,
somos expulsados en barcos de madera sobre un río
que se convierte en cascada y cae hacia el final del océano.
 
Si ese es el caso, ¿quién es este de aquí?
Vistiendo sombrero de viajante de un país subterráneo,
sosteniendo un huso y un hacha de piedra, los brazos cruzados,
y mintiendo así,
¿es un saco de piel después de mi evaporación, nada más?
 
Ya no somos lo que éramos,
nuestra cama, ahora un barco, mientras el agua corre,
el agua que abraza caracoles enfermizos,
un paisaje aparentemente tranquilo, donde un disparo de largas espinillas permanece para siempre,
y una tormenta de arena febril cada primavera.
 
El que una vez reinó sobre nosotros pasa,
y su cabeza gigantesca y sus genitales en bajo relieve se desgastan.
Lo que es eterno es el alcance de las llamas quemando estiércol de vaca.
Dichosos
los que rodean ese fuego en una casa de carrizo.
 
Pero aquí el fuego se ha extinguido.
Quedan la tierra y el agua
y el pesado y frío olor de la putrefacción.
El manojo de llaves al misterio del reino
descansa en ese olor maligno que aprieta el pecho.
 
El secreto es que este lugar llamado vida
ha llegado al debido momento de convertirse en reino de muerte,
esos huesos blancos lavados por el tiempo cubrirán la tierra,
bajo la bóveda celeste donde una plétora de pestañas
de estrellas fosilizadas aletean.
 
Pero aquellos que rodean el fuego sobre el suelo de tierra
deberían concentrarse en añadir leña al fuego.
Lo que mantiene el brillo y el resurgimiento incesante
de las llamas que irradian sus expresiones
es nuestro silencio.
 

*Poema del libro Sleeping, Sinning, Falling, Takahashi Mutsuo, City Lights Books, 1992, San Francisco. Edición y traducción al inglés de Hiroaki Sato.

[Versión en español de DCJ]

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Acerca de DANIELA CAMACHO

México, 1980. Poeta y traductora. Autora de los libros 'Experiencia Butoh' (Amargord Ediciones, España y Cosmorama Edições, Portugal, 2017); 'Lantana' (Ejemplar Único, España, 2017); 'Carcinoma' y 'Híkuri' (Libros de artista, Artes de México, 2014) e '[imperia]' (Editorial El perro y la rana, Venezuela, 2013); entre otros.
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