Pequeñas impresiones sobre Rōma [libro futuro de SBC]

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                                                           (imagen: Takato Yamamoto)    

UNO

Hay una geometría que tiende a repetirse. Un tableau vivant cuya representación sólo admite a los cuerpos del deseo. Rōma no existe. Rōma ha dejado de ser un lugar inamovible en los mapas del mundo.

DOS

Sentir amor. Hablar con símbolos. Decir relámpago, decir imán. Agitar las alas del pájaro más pequeño del mundo. Algo inocente e insubordinado a la vez. Así es como Susana Bautista Cruz escribe estas páginas, como una confesión, un diario de infancia, una plegaria a quién.

TRES

Una mujer amando a una mujer es capaz de reordenar la luz sobre la esfera celeste.

CUATRO

Pero la luz se quiebra y deja caer vestidos negros sobre las amorosas.

CINCO

¿Cuánta tristeza puede retener un solo cuerpo? El deseo promete un sufrimiento, algo entre la voracidad y el exterminio. Como si todo aquello que tocara la ternura, después se enrareciera.

SEIS

Habitar la Casa del Sueño para protegerse.

Fracasar.

La ausencia siempre es voluptuosa.

SIETE

Sobre la mesa descansa el colibrí con el fulgor de lo que ya no se alimenta. Un corte de escalpelo en la parte trasera del animal bastará para arrancarle la piel. Remojo. En el agua donde una vez se desviaron los pequeños buques de la memoria, ahora se lavan y rehidratan las plumas. Desnaturalizar. Luego curtir, engrasar la piel. No se puede resistir una belleza tan desapacible. Su corazón, el más grande (en proporción) del reino animal, aún aletea.

OCHO

El [des]amor es una insolencia, una furia, algo demasiado abrupto. Eso creo. Pero en las páginas de Rōma la autora canta a la altura de un solo riesgo: defender con nostalgia el cuerpo que no se ve. Lo real imaginario. Todo lo que el sueño contiene. La Mujer de Manos Suaves y Cuerpo Tibio existe. Con su “gran pequeña tragedia interior”, Susana Bautista Cruz la nombra y la funda en la noche despierta, donde afuera es adentro, donde el desasosiego y la serenidad alumbran las paredes de la casa.

 

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Acerca de ladelallave

"Un día al despertar nos damos cuenta/ de que apenas recordamos el camino hacia esa casa perdida,/ y ahogados de vergüenza y cólera/ corremos hacia ella, pero (como en los sueños)/ todo es ahora distinto: las personas, los objetos, las paredes/ y no nos conoce nadie: somos extranjeros" [A. Ajmátova]. Yo: poeta mexicana en Tokio.
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