MUY JÓVENES Y MUY LÚCID@S: nuevas escrituras [latino][hispano][americanas] (d)

El poema y la continuación de la infancia en su lenguaje tenebroso. Dos poéticas de lo inesperado y el asombro. Niñísima de la palidez, deja que mis células sanen para volver a buscarte. Pequeño jinete, a ti que no puedes dibujar la estructura de un potro, te veo cabalgar en la noche celeste. 

 LUNA MIGUEL (Madrid, España, 1990)

luna1                             (Imagen: Javier Garreche)                                                      

***

El útero de mi tía tiene forma de soga. Las sogas, como las pulseras plásticas de las niñas que venden en los chinos, tienen formas de animales perfectos. El útero de mi tía Lourdes es un animal perfecto: huele a estiércol y a hierba mojada y a veces se lo comen las moscas. A mi tía le han quitado un trozo de útero y no se va a morir pero le duele. No se va a morir pero le asusta. A mi tía le han quitado el útero y yo, que soy una mala sobrina, no he ido a visitarla. Los hospitales me dan miedo. Tanto que a veces prefiero no ir a ver a mis seres queridos, opto por decir hola, tía, estoy ocupada, opto por mentir, hola, tía, estoy ausente. La primera vez que me quedé a dormir en un hospital, fue para cuidar a mi abuela después de su duodécima operación. La primera vez que me quedé a dormir en un hospital mi abuela se cagó encima. La habitación comenzó a apestar. Llamé a las enfermeras para que limpiaran pero no venía nadie. Abracé a mi abuela, que lloraba de vergüenza. Pero su peste solo me provocó amor. Su mierda era mi amor por ella. Mi cara relajada, mi ceño sin fruncir, era su amor por mí. El fin del mundo tiene que ser algo parecido a esto, pensé: estar al lado de alguien a quien amas cuando todo lo que te rodea apesta a final infeliz.
El fin del mundo debería ser así.

Dos personas abrazadas en mitad del desconcierto.

Tranquilas pero tristes.
Con lágrimas pero soportando.

(De La tumba del marinero, La Bella Varsovia)

Despertar en la rambla del Raval

No sé si sabes que por las mañanas el portal de nuestra casa huele a carne, que en la acera el pollo se amontona en cajas de plástico junto al contenedor de vidrio, y que las vacas y los corderos esperan tendidos en el suelo, mientras alguna gaviota picotea las cuencas de sus ojos aparentemente muertos.
 
―Te lo cuento porque ya no me da asco.
Ya no temo ese lugar en donde las moscas
pequeñas
bailan en espiral
chocándose
las unas contra las otras
en celebración de la leche vertida
las moscas van hacia el deshecho
hacia el excremento
pero también danzan en la carne
anidan en ella
se quedan, para siempre,
en el hueco coagulado de su sangre.
 
No sé si sabes que los gatos eran bestias cazadoras, que los perros se creen iguales al hombre pero más desgraciados. No sé si sabes que los hombres desprecian lo viviente atreviéndose a adorar iconos invisibles. La cuestión…
 
la cuestión…
 
la cuestión no es Qué hago aquí
sino
Qué hago Ahora que me han traído a este lugar.
 
Hay hilos que se arrastran por la acera.
 
―Te lo cuento porque es irremediable.
 
(Del libro inédito Los estómagos)
 

DAVID MEZA (Estado de México, México, 1990)

hiroshi-sugimoto-seascapes-north-atlantic-ocean-cliffs-of-mother-I-1989                      (Imagen: Hiroshi Sugimoto)

Testamento Terráqueo del Niño [fragmento]

Por aquel tiempo exclamó Jesús, diciendo: Yo te glorifico, Padre mío, Señor de cielo y tierra, porque has tenido encubiertas estas cosas, a los sabios y prudentes del siglo y las has revelado a los pequeñuelos.
La Biblia

No, no me sueltes. Mis huesos están hechos de zafiro. No, no me sueltes. Mis huesos no están hechos de zafiro. He aquí mis ojos. He aquí mis manos. He aquí mis dedos con las uñas de plata. Hay un momento en que la gota deja de ser gota y se vuelve océano. Hay un momento en que la planta deja de ser planta y se vuelve selva. De ese modo, de ese modo. Deja de tirar mi sangre. Las hormigas la beben con desprecio. Mis huesos pesan porque están azules. Los años han desfilado ante mí como unos soldados de plomo que van a la hoguera. Somos una sola cosa todavía. No, no me sueltes. En la oscuridad del sueño las perlas se vuelven lágrimas. En la oscuridad del sueño el brillo de las amatistas se vuelve una lámpara con la que podemos ver a los mutantes dormidos todavía. Menos, menos ruido. No hay que despertarlos. En esa gota de sangre yace mi historia. Está a punto de caer al suelo. Escucha, escucha. He ahí el terremoto miniatura, la sacudida terrestre y sagrada, acaso percibida por los grillos aferrados a los filamentos de una hoja. Pero no, procura no soltarme. Lento, lento. El descenso debe ser muy lento. Casi tan lento como la caída de un sueño. Un sueño en el que alguien dice un poema, tú te levantas a escribir ese poema, pero el poema se ha ido. En su lugar a quedado un puñadito de briznas en la cama. Mis huesos están hechos de zafiro. Son azules y ligeros. Tengo trece años. No tengo trece años. La vida es bella como la planta que desenrolla su hoja a la hora adecuada. Fracaso, fracaso. Esa es la palabra a la que tanto temen, pero la palabra no es un ratoncillo. La palabra Fracaso es una ardilla con las garras de las patas pintadas de verde. Hoy es martes, mañana jueves, ayer mañana. No, procura no soltarme. La cuerda está muy tensa, siento sus tendones como una red que carga a un niño que tiene los huesos de zafiro. Decía, hay un momento en que el grano de arena deja de ser arena y se vuelve desierto. Decía, hay un momento en que el minuto deja de ser minuto y se vuelve una hora. Decía, no decía. La vida pasa ante mí con una sonrisa de ángel en cueva. Ha de saberse que todo mutante primero fue un ángel. Las alas se las cortaron con navajas de jade. Hay un cementerio para esas alas. Todavía se agitan las muy locas, pese a todo el peso de la tierra, todavía se agitan las muy locas. Ahora, ahora. Es buen momento. Corta la cuerda, sí, sí. Corta la cuerda. […]

(De Marta)

Luis (o El principio de la singularidad) [fragmento]

A modo de prólogo.

Palabras, todas las palabras se me han caído a un cántaro. Pienso en el mundo. Y el mundo piensa en mí. Y luego se mira en mis ojos y le dan unas ganas hermosas de cortarse. Estoy frente a una torre, desde la que un hombre me lanza microhistorias en forma de historietas escritas con la sangre de una aurora. El mundo piensa en mí y observa cómo tiro un cántaro al suelo. En ese cántaro, piensa, yacía el divino plexo de la gramática. Me mira. Me abre el pecho con sus manos estrelladas, y llora. Yo corro y me oculto en el hueco de un árbol. El mundo piensa en mí y en esas otras células de cáncer que le besan la vida. El hombre de la torre baja y me dice cosas de la ficción que yo no entiendo. Me voy a recoger flores al interior de Gaby, porque es el único lugar donde realmente puedo pensar en el mundo. Me lanzo al interior de la historieta y veo cómo Whitman se deshace en mariposas. Me lanzo al mundo, y a mí me dan las ganas de cortarme.

A modo de poema.

A)

Tengo una perra que se llama Ganja. Con ella Galopo en los montes de la luna. Sé que la poesía es un juego. Ella y mi perra tienen el hocico manchado de polvo. Cuando las personas mueren, de su cuerpo putrefacto y pintado de verde, surge un pajarito con las patas negras y el cuerpo blanco. Su nombre es Tiempo. Está hecho sueño y arcilla. Es hermoso. Algunos lo llaman incendiando los puntos en las hojas. Otros lo hacen golpeando su guitarra con las piedras de un río. Yo lo llamo gritando mi nombre a la mitad de la calle, mientras sostengo un puñado de agujas en la mano derecha. Mi nombre es Luis. Tengo 13 años. Vivo en una vieja libreta de la secundaria. Colecciono arañas, mosquitos, dioses, mariposas, insectos y una que otra palabra esdrújula. Mi familia quedó atrapada en un libro de botánica durante la guerra de los Ángeles. Por las tardes hablo con Whitman o juego a las canicas con Buda. Por las noches giro el reloj hacia el otro lado hasta que doy origen al uni-verso. Por las mañanas salgo a volar en patineta y le jalo los cabellos a la luna. En el Mediodía (porque el Mediodía es un lugar y no un momento) beso a Gaby hasta que envejecemos y tenemos que buscar nuevos cuerpos entre los increíbles bosques solares. Los lunes lavo mi ropa con Miguel Hidalgo y Batman en los mares alrededor de la prepa. Los martes me acuesto boca abajo y río de lo que me dicen los insectos. Los miércoles leo libritos de vaqueros mientras viajo en un cometa por el espacio. Lo jueves juego futbol contra los héroes de la independencia a las orillas de un volcán de orquídeas negras. Los viernes multiplico las dimensiones del espacio o quito las letras del abecedario según mi antojo. Los sábados siembro girasoles en los bellos jardines de Nueva Mesopotamia. Los domingos reconstruyo el uni-verso en la frente de Cristo. Los darcos bailo con mi novia sobre la mesa roja en la cocina. Los diermas grafiteo las recién levantadas pirámides celestes. Los muércamas le invento nuevos días al calendario, porque la poesía no está contemplada en ningún día laboral. Los quiértaluz compongo canciones para las actrices porno de mi generación, porque sus palabras son tan hermosas como la de los poetas, o las caricaturas, o los científicos cuando demostraron por medio de ecuaciones (que es como ellos llaman a las metáforas) que la muerte de mi perra significa el renacimiento de los hombres. Me entristece el hecho de que mi perra esté muerta. Cuando lo hace, mis amigos se levantan de los libros y lloran durante 15 años, formando un río de lágrimas que corre en silencio por el bosque.

(De El sueño de Visnu, El Gaviero Ediciones)

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Acerca de DANIELA CAMACHO

México, 1980. Poeta y traductora.
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7 respuestas a MUY JÓVENES Y MUY LÚCID@S: nuevas escrituras [latino][hispano][americanas] (d)

  1. Luis García Quintana dijo:

    Lo del mexicano bueno, lo de la chica malisimo, vacío, superficial y soéz.

    • ladelallave dijo:

      Luis, sin duda cada poema (cada autor) da con sus lectores. Lo que a ti te parece malo a muchos nos ha emocionado y conmovido. Múltiples lecturas. No hay verdades unívocas.

  2. Silvia Pascal dijo:

    David Meza da miedo por lo bueno que es… increíble

  3. Manolo Mugica dijo:

    Mi muy querida, debo decirte que si no concuerdo con el comentario de Luis García Q. (Luna Miguel me resulta más interesante que David Meza), ya que carece de crítica, de fundamentos, es menester aclarar que un poema no es bueno por el hecho de emocionar y conmover. Tú, hablas de gustos y Luis de calidad —aunque su comentario carezca de calidad y se sustente en su gusto—. Son dos campos ajenos. He leído a estos dos poetas que compartes. Ninguno me ha emocionado ni conmovido, pero me parece que no lo hacen mal. Considero que el problema de que ahora cualquiera se autoproclame poeta, músico o artista plástico, se debe precisamente al ánimo chabacano, a la falta de crítica y autocrítica. Vaya, un poeta puede medirse por la gente que lo lee y lo alaba; no así su obra. La calidad de un poema no radica en cuánto gusta o deja de gustar. Esa no es la medida y las medidas existentes son harto discutibles (como todo, supongo). Pero existen juicios, parámetros. Por más empeñadas que las nuevas generaciones estén en deshacerse de los cánones, hay que entender que sin ellos la literatura es imposible. Luna Miguel, va de más a menos. Algo se trae con el olfato. En su segundo poema se nota la falta de malicia para utilizar el verso, además de que los guiones largos confunden; ¿cuántas voces, pues, hay en el poema? David Meza, logra imágenes gratas, pero parece estar inmerso en este “nuevo estilo” de escritura que empobrece los textos, donde ciertas palabras se repiten haciendo del énfasis, sopor. La repetición me parece un recurso barato, sobre todo cuando no hay conciencia de sus cualidades. No estoy diciendo que Meza desconozca dichas cualidades mas no me sorprendería si así fuese. Lo que digo es que a ratos parece una gratuidad. Arriesgado es omitir un juicio severo, contundente, grave, sobre la obra de cualquier poeta, leyendo tan sólo dos escritos; eso es cierto. Menciono, someramente, lo que percibo, ya que entiendo este lugar como sitio de esparcimiento y diálogo. Igualmente arriesgado es achacar la hechura de las obras al sentimiento que provoca. “El orden sobre el instinto”, decía Gorostiza y tiene razón; el instinto yace en todos, pero el orden… ah, ese es otro asunto. Un fuerte abrazo. ¡Totalidad!

    • ladelallave dijo:

      Manolo, como se lo dije a Luis, me parece que ninguna verdad es unívoca. Gracias por tu lectura y tu comentario, cierto es que este espacio se enriquece cuando se abre al diálogo. Que tú y yo casi nunca estamos de acuerdo ya se sabe. Y eso es bueno. ¿No es esa una manera de confirmar que no todos los poetas son iguales, que no todos los lectores son iguales, que hay un tiempo para todo? Para muchos de nosotros, la escritura es una forma de aprender a pensar, Manolo, y creo que, en ese sentido, se tiene libertad. A mí me interesan las escrituras, los procesos que intervienen en la conformación de dichas escrituras. Me interesa también la experiencia lectora, su incorporación a la propia escritura. Y si te soy sincera, no me parece que David o Luna le den la espalda a la tradición, al canon (que, por cierto, estoy muy segura de que la poesía puede existir sin él y sin nosotros), más bien creo que lo han sabido estudiar sin dejarse sofocar. Yo reconozco en estos dos autores un combate cuerpo a cuerpo con su lenguaje y eso a mí me importa, me seduce; yo no sé decir si sus poemas tienen “calidad” y desconozco cuáles son los juicios, los parámetros que mencionas y que servirían para “medir” estos poemas. Si todas esas reglas funcionaran, si esos juicios y parámetros fueran tan reconocibles, ¿no habríamos ya escrito nuestro gran poema, el victorioso? También podríamos pensar que, bajo esa premisa, se le escribe al pasado. Y, quizá, estos autores estén escribiéndole al futuro, ¿cómo se podría, entonces, hablar de calidad o cánones? Debo decirte, además, que el tema visto desde esa perspectiva a mí me aburre. Mi apreciación de estas nuevas escrituras es, en mucho, emotiva y visceral, pero ¿sabes?, es que a mí la crítica me tiene un poco sin cuidado; no le concedo valor por su naturaleza. Hay obras críticas que respeto, claro, opiniones que aclaran, que arrojan lucidez, pero son muy pocas. Entonces tampoco estoy yo para emitir “juicios severos”, no me va ese papel. Me va sí el de lectora, el de descubridora, el de decir: a esta hora, para mí, hay algo aquí que resplandece. Y si otros lo ven resplandecer, qué bien. Si no, también.

      Te abrazo mucho,
      D

  4. protervidad dijo:

    Daniela, hoy es ese instante, dónde me detengo a leer tu trabajo, a comentarlo, a retroalimentarnos.

    He leído las opiniones anteriores, estoy de acuerdo contigo, la poesía no es para agradarnos, nunca, la poesía es para “escupirnos la cara”, yo veo el proceso poético como un estudio de existencia, debemos entender ésto en ésta época, escribir es escribirse a sí mismo; estamos en una etapa cero de la literatura, y eso no es algo negativo, sencillamente estamos marcados por el ultraísmo, de eso no podemos negar; la forma en la poética la estamos construyendo ahora, estamos creando un estilo de voz, hoy es un ciclo netamente intertextual, los cánones de hoy son simplemente la sensación, la transmisión, cada etapa de la escritura depende de su época, y además es así debemos asombrarnos, he allí el milagro de nacer a través de cada escritura.

    También tengo mi conflicto con la “crítica” que de hecho, se le añadió una mala interpretación, la supuesta crisis del arte, no es el arte, es el juicio y su facultad de juzgar. La crisis está en la ausencia de ingenio para opinar, para dejarse golpear, para comprender al alteridad, sobre todas las cosas.

    Sin embargo, cada comentarista tiene un punto muy bueno, pero debemos asumir éste nuevo renacimiento de la escritura.

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