MUY JÓVENES Y MUY LÚCID@S: nuevas escrituras [latino][hispano][americanas] (h)

Las cosas que el lenguaje traiciona. Lo que se resiste. Todo aquello que es dicho con las voces del vértigo. El cuerpo escritural donde pululan presencias inasibles. Este desacato. Esta emoción.

ENRIQUE MORALES (Almería, España, 1991)

Enrique

(Imagen: Laura Rosal. Entrevista hecha por Luna Miguel al autor, aquí)

I

El Lugar. Migajas de hoguera. Fue fuego. Engarzados entre pequeñas ramitas de (…), brillantes, pueriles colmillos. Este es. El Lugar. Pueriles colmillos, bailad sobre el vientre de vuestra madre. [Esa mujer. Toda esqueleto. Que bebió saliva en los cráneos de sus padres. Chicha. Decían.] Esa mujer. Sonreía, se excusaba: Poca, poca bebidaRebosa a través de las cuencas de papá. Rebosa a través de las cuencas de mamá. Cae. Cae. No hay lenguas. No era práctica. Esa mujer. Surcos en su alma. Infectos por las picaduras de la hormiga. Las almas de sus padres. Picaduras en (a través de) sus hijos. Las nalgas duelen al tocar la tierra. No obstante. El AlmaIn-corrupta. Pero era bonito. Qué bonito. [Allá Arriba, ellos, lanzaban ramas, envueltos en llamas, lanzaban ramas que parecían huesos, que parecían brazos, que parecían piernas, lo parecían, pero no eran, apenas eran cuerpo.] Allá Arriba. Arrojaban sarpullido. Esa mujer sonreía: alma, que no es Almasu alma In-corrupta sonreía. Su alma, moribunda. Esa mujer rascaba. Y cuando llegaba a la carne lloraba, gritaba: Los ojos de mamá ven, los ojos de papá ven: su niña encontró Alma. Esa mujer, con el alma muerta, enterrada. Esa mujer, cuyas uñas llegan a la carne (rosácea, grasienta) y cree descubrir El Almaallí, en el abismo. Allá arriba. Cuanto moraron flota de acá para allá. No AlláAllá Arriba. Sino anidando en las montañas, castañeando en las tripas de cinco buitres. Un Niño mira a los pájaros. No sabe. Qué. Pájaros son. Canta: Las alas ríenLas alas ríen. Y no sabe la Canción de los huesos. Es niño. No sabe los huesos. Apenas el pájaro. Que es grande; y engulle cosas que cantan. Las alas ríen.

II

Pero los buitres son, aun sin canto, los buitres son. El niño es, aun con canto, el niño es. Los huesos de los abuelos son, el fuego, la saliva. EsEs el silbido silencioso, tibia luz inerme en los rostros de Aquellos. Que fueron. [No era perversa. La madre. La mujer. Esa mujer. No (lo) era. Tenía tierra en la cabeza (¿El cerebro?). Tenía un vestido blanco. Muy blanco. Tan blanco. El árbol se volvió percha. La mujer andaba. Esa mujer. Bailaba. Pedía Las Babas. La mujer. El vestido. Tan blanco. El árbol se volvió percha. La mujer pedía Las Babas. Desnuda, decía (lloraba): Este calor es una burbuja. Susurran a través de las branquias de un salmón y yo no entiendo nada. Aun con mi alma, no entiendo nada. Siempre lloraba. Tenía gran facilidad. Sabía llorar sustancias viscosas. Incrustadas en la piel. Bubones sollozantes. Lloraba. Pues. Tenía el talento. Hasta la muerte. O El Alma. Lo que venga primero. Sus hijos reían: Mamá se inunda –nueva Canción-, mamá es un barco. Mamá es el mar. Mamá es el cuerpo azul que flota en la red de un pesquero ruso. Mamá es una foca. Papá un arponero. Viva la vida en el mar. No eran perversos.]

III

Había una Esfera. No nos dejaba respirar. Nos embarazaba, agitaba los cráneos. Esfera incandescente. Los buitres cantaban: Hay una Esfera, os ahoga, os preña, agita calaveras. Era verdad, estábamos en un agujero, y por suerte, nunca podríamos salir de él. Por suerte, nunca podríamos matar a Nadie. Entonces Alguien dijo: Pobre de aquel que se vea privado de la experiencia de la muerte prematura. Y todos reímos, y bebimos eso que teníamos en las copas. [Pero nada de eso era verdad. Los buitres no tienen Canciones. Con esto. Un secreto: la Canción de los huesos no es una Canción. Apenas. Lo es.]

IV

Los huesos no son una Canción

V

En El Lugar. Fuego. Los colmillos de los hijos. Devorados. Jugaban a comer niños. Los niños no juegan a los juegos de los adultos. Devorados. Los colmillos de los hijos. En El Lugar.

VI

[Afortunadamente, nunca podremos salir de aquí. (Apenas el pájaro). Este cráneo no es una gran copa. La pócima se derrama a través de las cuencas].

VII

Nada de eso era verdad. No hay Yo. No hubo Yo. Apenas el silbido silencioso, tibia luz inerme en los rostros de Aquellos. Que fueron.   

VIII

Los buitres acusan: Es rídiculo. La pócima se derramará a través de la mandíbula.

IX

No hay Canción.

KAREN VILLEDA (Tlaxcala, México, 1985)

KAREN

Me sorprende tener corazón para la demencia.

*

Es la canilla de la estirpe la que manda. A cuentagotas se derrumban mis reflejos de sangre en una escalera corporal. “No hay cuesta arriba.” Contrafuerte en el madero para bautizar los pozos arrojando este cuerpo sobre redondeles de carcoma. La trabazón de los dientes siembra sangre en la tierra agrietada de Babia, cesan los albores en el alfabeto del lodo.

No hay un reino para incendiar bajo las vendas de mis heridas.

Hubo, entonces, un anhelo volcado para repartir en la heredad codiciosa, sin frutos que recoger y el hambre oculta en las encías. “Es lo único que hay para la tripa.”

*

“Un resplandor.”
No hay que temerle. No hay que sobrevivir a la lujuria para desgraciar las carnes.

(De Babia, 2011)

Isla de Mauricio. Catorce brazos rivales llegan sanos y salvos. Juegan al albatros. Catorce brazos se agitan pausadamente, catorce sobacos que cortan dientes de león al ras. Mauricio eructa huesos. Mauricio abraza al hombre de manos toscas. Está rodeado por seis marineros, doce puños.

*

Seis marineros le pisan los diestros talones. “Era el único descalzo en el Güeldres”. Seis marineros que desean cercenarle los tobillos. Una navaja desafilada. Mauricio baila con El Almirante, manos toscas que se imponen sobre sus anchas caderas. Esteatopigia de arena. Manos toscas, luto, El Almirante jamás resbala.

*

Harina de trigo sarraceno, sal por puños. Tanta sal sin cuarenta y nueve sacos. Astillas de a montones, una pinaza orillada. Manos toscas tapándole la boca a Mauricio. No llueve, podemos quedarnos encallados en Mauricio. Rezamos con más fe ahora que nunca. El Almirante orina, dientes caen de bruces.

(De Dodo, 2013)
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Acerca de DANIELA CAMACHO

México, 1980. Poeta y traductora. Autora de los libros 'Experiencia Butoh' (Amargord Ediciones, España y Cosmorama Edições, Portugal, 2017); 'Lantana' (Ejemplar Único, España, 2017); 'Carcinoma' y 'Híkuri' (Libros de artista, Artes de México, 2014) e '[imperia]' (Editorial El perro y la rana, Venezuela, 2013); entre otros.
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