MUY JÓVENES Y MUY LÚCID@S: nuevas escrituras [latino][hispano][americanas] (i)

WINGSTON GONZÁLEZ (Livingston, Guatemala, 1986)

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Armas de salvación, xxv

retrato con madona, santos y granero encontrás
cámara en mano, abrazás la sal del universo
la reproducís, la reescribís, deconstruís
el sonido del agua cuando un cuerpo desespera

 

ñandús corren por tundra asombrosa
destrucción de pechos, presencias fijas, preguntas
cosas obvias, lugar exacto, sentido, palabra limpia
en brizna de paja, exaltada, una voz pregunta
porqué un ñandú correría por tundra si apenas
sé qué es tundra, si apenas, he imaginado ñandú, apenas
su imagen incompleta, su rasgo de plaga, ese
retrato que rompe este poema, la pequeña hermenéutica
de la plenitud difícil de los besos, de las fotografías
en la pared de tu cuarto, tus recuerdos
plenos de resonancias muertas, qué
qué significa ser pleno
si hay que romperlo todo, qué significa el verdor
tras puerta y nube de cigarrillos a dos centímetros del techo
dibujando un cuerpo, secando piel que suda
sombra del nosferatu, jóvenes británicos
pub fantasma del Yorkshire, arrabal maldito
posibilidad monstruosa, asomada
en el frontispicio de un cine que abandonamos
a fantasmas que nunca vieron estos pueblos, dentro
del vientre de una batalla contra imagen hundida
en sofás baratos, tv technicolor, de lado a la herencia
la miseria de pariente extranjero cuya calavera asoma
por el cierre de los pantalones mientras el agua golpea
tus recuerdos, dispersos, el tiempo atípico
el leve simulacro de traducción que suena en las palabras
que escribo para ti, animal intraducible
cuando en O brother where art thou brilla arrodillado
ese mismo muchacho, dentro de la canción
de tres sepultureros negros cavando lluvia muy lejos
lejos
del lugar en que le encontrás, redundante, innecesario
bar alegre y oscura piedad, insolación adolescente irritable
le tirás
lazo, llamada telefónica, pantalla plasma
a él que no es valiente, que no es bravo, que jamás
amasa coraje para emborracharse y perder
el control que queda de la vida; maceta al océano
o hipopótamo que habla de amor cara a un ataúd
ya no sé, la vida, ya no sé dónde alzar
el niño mugriento que a las dos de la tarde
despierta un domingo y piensa
en el fondo ofendido de esta ciudad, en esta marcha
que exhibe el espectro imantado
de mi cabello agua, cabello luz, cabello placidez municipal
factura incendiaria que baila como el mar

 

como una tabla de felicidad en un pueblo
            que no habla bien
            de la felicidad

 

DIANA GARZA ISLAS (Nuevo León, México, 1985)

Diana Garza

tronos para un traje invisible (pequeño emperador a tres vistas)

°
láctea, flavescente
lo que en mí no dilucida en laja aviar.
remanso simultáneo al sol abismo, fósil
lava en mi celeste, lacustre calendario
así mi mano
así mi ánima:
(oro no es mi cuerpo si alhóndiga una sal me dibuja hormiga
en mi cuerpo que no tuve)
rüido. rüido
rüido en mi ni casa de luz ni veloz: aquí es aquí.

 

y abrir la llave no se abre cuando lo que duerme es mirar
y la cáscara no duerme y otra vez soy rey:

 

silencio. silencio. ya no más
silencio. era una niña y su cabeza
imaginaria.

 

estalactita no, todos dicen
estalactita no ─y está lactando.

 

y la carne no me duele, es una esfera
una canción esperándome al otro lado de la noche
donde nadie

 

en mi voz, en miel de armas, donde nadie.

 

(si lo dices dos veces te derramas
llamarada vitral en hueco undeante
te derramas) velándote en otra
camella obscura
donde convergir sí es oro, y plasma y feto

 

oh densidad huerta.

 

°
eran horcas dibujadas en almelos
acariciar mi nombre, autófagos si sucedían
de nueve a nueve, círculos de atomillar en
cornisas flamboyantes.

 

si su voz fuera un centímetro lejana, existiría.
si distancia fuera una palabra me darían ¿doce

 

faisanes?
¿o cada fuego arborecer bifurca?

 

(a horcajadas, grité
olanes celestes la silueta del verano)

 

o sol es hay
y somos
y mirar por la ventana es

 

cerrar el vuelo en algo azul
redondo, alrededor:

 

espigas acampa.

 

y tañe no amarillo
o subreír, Uffizzi

 

si es decirte que es metálico arde en ecos y sucede en manzanares
que la estatua del jardín me habló y me dijo nuestros nombres
y me dijo Alalaila y me dijo

 

también que soy un pájaro
donde ficus recortados sobreseían la sombra

 

─sí

 

nadie ahogárame de huesos en los leones
nata gris en la doble resolana

 

donde llueve, y yo.
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Acerca de ladelallave

"Un día al despertar nos damos cuenta/ de que apenas recordamos el camino hacia esa casa perdida,/ y ahogados de vergüenza y cólera/ corremos hacia ella, pero (como en los sueños)/ todo es ahora distinto: las personas, los objetos, las paredes/ y no nos conoce nadie: somos extranjeros" [A. Ajmátova]. Yo: poeta mexicana en Tokio.
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