MUY JÓVENES Y MUY LÚCID@S: nuevas escrituras [latino][hispano][americanas] (d)

El poema y la continuación de la infancia en su lenguaje tenebroso. Dos poéticas de lo inesperado y el asombro. Niñísima de la palidez, deja que mis células sanen para volver a buscarte. Pequeño jinete, a ti que no puedes dibujar la estructura de un potro, te veo cabalgar en la noche celeste. 

 LUNA MIGUEL (Madrid, España, 1990)

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***

El útero de mi tía tiene forma de soga. Las sogas, como las pulseras plásticas de las niñas que venden en los chinos, tienen formas de animales perfectos. El útero de mi tía Lourdes es un animal perfecto: huele a estiércol y a hierba mojada y a veces se lo comen las moscas. A mi tía le han quitado un trozo de útero y no se va a morir pero le duele. No se va a morir pero le asusta. A mi tía le han quitado el útero y yo, que soy una mala sobrina, no he ido a visitarla. Los hospitales me dan miedo. Tanto que a veces prefiero no ir a ver a mis seres queridos, opto por decir hola, tía, estoy ocupada, opto por mentir, hola, tía, estoy ausente. La primera vez que me quedé a dormir en un hospital, fue para cuidar a mi abuela después de su duodécima operación. La primera vez que me quedé a dormir en un hospital mi abuela se cagó encima. La habitación comenzó a apestar. Llamé a las enfermeras para que limpiaran pero no venía nadie. Abracé a mi abuela, que lloraba de vergüenza. Pero su peste solo me provocó amor. Su mierda era mi amor por ella. Mi cara relajada, mi ceño sin fruncir, era su amor por mí. El fin del mundo tiene que ser algo parecido a esto, pensé: estar al lado de alguien a quien amas cuando todo lo que te rodea apesta a final infeliz.
El fin del mundo debería ser así.

Dos personas abrazadas en mitad del desconcierto.

Tranquilas pero tristes.
Con lágrimas pero soportando.

(De La tumba del marinero, La Bella Varsovia)

Despertar en la rambla del Raval

No sé si sabes que por las mañanas el portal de nuestra casa huele a carne, que en la acera el pollo se amontona en cajas de plástico junto al contenedor de vidrio, y que las vacas y los corderos esperan tendidos en el suelo, mientras alguna gaviota picotea las cuencas de sus ojos aparentemente muertos.
 
―Te lo cuento porque ya no me da asco.
Ya no temo ese lugar en donde las moscas
pequeñas
bailan en espiral
chocándose
las unas contra las otras
en celebración de la leche vertida
las moscas van hacia el deshecho
hacia el excremento
pero también danzan en la carne
anidan en ella
se quedan, para siempre,
en el hueco coagulado de su sangre.
 
No sé si sabes que los gatos eran bestias cazadoras, que los perros se creen iguales al hombre pero más desgraciados. No sé si sabes que los hombres desprecian lo viviente atreviéndose a adorar iconos invisibles. La cuestión…
 
la cuestión…
 
la cuestión no es Qué hago aquí
sino
Qué hago Ahora que me han traído a este lugar.
 
Hay hilos que se arrastran por la acera.
 
―Te lo cuento porque es irremediable.
 
(Del libro inédito Los estómagos)
 

DAVID MEZA (Estado de México, México, 1990)

hiroshi-sugimoto-seascapes-north-atlantic-ocean-cliffs-of-mother-I-1989                      (Imagen: Hiroshi Sugimoto)

Testamento Terráqueo del Niño [fragmento]

Por aquel tiempo exclamó Jesús, diciendo: Yo te glorifico, Padre mío, Señor de cielo y tierra, porque has tenido encubiertas estas cosas, a los sabios y prudentes del siglo y las has revelado a los pequeñuelos.
La Biblia

No, no me sueltes. Mis huesos están hechos de zafiro. No, no me sueltes. Mis huesos no están hechos de zafiro. He aquí mis ojos. He aquí mis manos. He aquí mis dedos con las uñas de plata. Hay un momento en que la gota deja de ser gota y se vuelve océano. Hay un momento en que la planta deja de ser planta y se vuelve selva. De ese modo, de ese modo. Deja de tirar mi sangre. Las hormigas la beben con desprecio. Mis huesos pesan porque están azules. Los años han desfilado ante mí como unos soldados de plomo que van a la hoguera. Somos una sola cosa todavía. No, no me sueltes. En la oscuridad del sueño las perlas se vuelven lágrimas. En la oscuridad del sueño el brillo de las amatistas se vuelve una lámpara con la que podemos ver a los mutantes dormidos todavía. Menos, menos ruido. No hay que despertarlos. En esa gota de sangre yace mi historia. Está a punto de caer al suelo. Escucha, escucha. He ahí el terremoto miniatura, la sacudida terrestre y sagrada, acaso percibida por los grillos aferrados a los filamentos de una hoja. Pero no, procura no soltarme. Lento, lento. El descenso debe ser muy lento. Casi tan lento como la caída de un sueño. Un sueño en el que alguien dice un poema, tú te levantas a escribir ese poema, pero el poema se ha ido. En su lugar a quedado un puñadito de briznas en la cama. Mis huesos están hechos de zafiro. Son azules y ligeros. Tengo trece años. No tengo trece años. La vida es bella como la planta que desenrolla su hoja a la hora adecuada. Fracaso, fracaso. Esa es la palabra a la que tanto temen, pero la palabra no es un ratoncillo. La palabra Fracaso es una ardilla con las garras de las patas pintadas de verde. Hoy es martes, mañana jueves, ayer mañana. No, procura no soltarme. La cuerda está muy tensa, siento sus tendones como una red que carga a un niño que tiene los huesos de zafiro. Decía, hay un momento en que el grano de arena deja de ser arena y se vuelve desierto. Decía, hay un momento en que el minuto deja de ser minuto y se vuelve una hora. Decía, no decía. La vida pasa ante mí con una sonrisa de ángel en cueva. Ha de saberse que todo mutante primero fue un ángel. Las alas se las cortaron con navajas de jade. Hay un cementerio para esas alas. Todavía se agitan las muy locas, pese a todo el peso de la tierra, todavía se agitan las muy locas. Ahora, ahora. Es buen momento. Corta la cuerda, sí, sí. Corta la cuerda. […]

(De Marta)

Luis (o El principio de la singularidad) [fragmento]

A modo de prólogo.

Palabras, todas las palabras se me han caído a un cántaro. Pienso en el mundo. Y el mundo piensa en mí. Y luego se mira en mis ojos y le dan unas ganas hermosas de cortarse. Estoy frente a una torre, desde la que un hombre me lanza microhistorias en forma de historietas escritas con la sangre de una aurora. El mundo piensa en mí y observa cómo tiro un cántaro al suelo. En ese cántaro, piensa, yacía el divino plexo de la gramática. Me mira. Me abre el pecho con sus manos estrelladas, y llora. Yo corro y me oculto en el hueco de un árbol. El mundo piensa en mí y en esas otras células de cáncer que le besan la vida. El hombre de la torre baja y me dice cosas de la ficción que yo no entiendo. Me voy a recoger flores al interior de Gaby, porque es el único lugar donde realmente puedo pensar en el mundo. Me lanzo al interior de la historieta y veo cómo Whitman se deshace en mariposas. Me lanzo al mundo, y a mí me dan las ganas de cortarme.

A modo de poema.

A)

Tengo una perra que se llama Ganja. Con ella Galopo en los montes de la luna. Sé que la poesía es un juego. Ella y mi perra tienen el hocico manchado de polvo. Cuando las personas mueren, de su cuerpo putrefacto y pintado de verde, surge un pajarito con las patas negras y el cuerpo blanco. Su nombre es Tiempo. Está hecho sueño y arcilla. Es hermoso. Algunos lo llaman incendiando los puntos en las hojas. Otros lo hacen golpeando su guitarra con las piedras de un río. Yo lo llamo gritando mi nombre a la mitad de la calle, mientras sostengo un puñado de agujas en la mano derecha. Mi nombre es Luis. Tengo 13 años. Vivo en una vieja libreta de la secundaria. Colecciono arañas, mosquitos, dioses, mariposas, insectos y una que otra palabra esdrújula. Mi familia quedó atrapada en un libro de botánica durante la guerra de los Ángeles. Por las tardes hablo con Whitman o juego a las canicas con Buda. Por las noches giro el reloj hacia el otro lado hasta que doy origen al uni-verso. Por las mañanas salgo a volar en patineta y le jalo los cabellos a la luna. En el Mediodía (porque el Mediodía es un lugar y no un momento) beso a Gaby hasta que envejecemos y tenemos que buscar nuevos cuerpos entre los increíbles bosques solares. Los lunes lavo mi ropa con Miguel Hidalgo y Batman en los mares alrededor de la prepa. Los martes me acuesto boca abajo y río de lo que me dicen los insectos. Los miércoles leo libritos de vaqueros mientras viajo en un cometa por el espacio. Lo jueves juego futbol contra los héroes de la independencia a las orillas de un volcán de orquídeas negras. Los viernes multiplico las dimensiones del espacio o quito las letras del abecedario según mi antojo. Los sábados siembro girasoles en los bellos jardines de Nueva Mesopotamia. Los domingos reconstruyo el uni-verso en la frente de Cristo. Los darcos bailo con mi novia sobre la mesa roja en la cocina. Los diermas grafiteo las recién levantadas pirámides celestes. Los muércamas le invento nuevos días al calendario, porque la poesía no está contemplada en ningún día laboral. Los quiértaluz compongo canciones para las actrices porno de mi generación, porque sus palabras son tan hermosas como la de los poetas, o las caricaturas, o los científicos cuando demostraron por medio de ecuaciones (que es como ellos llaman a las metáforas) que la muerte de mi perra significa el renacimiento de los hombres. Me entristece el hecho de que mi perra esté muerta. Cuando lo hace, mis amigos se levantan de los libros y lloran durante 15 años, formando un río de lágrimas que corre en silencio por el bosque.

(De El sueño de Visnu, El Gaviero Ediciones)

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MUY JÓVENES Y MUY LÚCID@S: nuevas escrituras [latino][hispano][americanas] (c)

Poéticas del desorden y la maravilla. Niños proféticos, el desvarío los serena.

YAXKIN MELCHY (Distrito Federal, México, 1985)

Yaxkin

LAS BOTAS DEL SOL

Me grita mi padre o no sé si están ladrando todos los perros del barrio Los rabiosos y sucios Me grita mi padre Esta vez destrozado por el alcohol El dios Júpiter roto como un cerillo destrozado Júpiter es también un concierto de Holst Y viene mi padre con el cadáver de mi perro entre las manos Le saca las venas y las pone en el florero Suena un tambor que se parece a la Luna y el agua de las flores comienza a hacer burbujas y mi padre se larga con las botas ensangrentadas Yo sé que va a cazar ballenas en el lavabo Me grita mi padre derramando los gritos de su garganta alcohólica Me grita mi padre y me alumbran sus vómitos Mi corteza está en el suelo Yo intento limpiarme las manos pero me ensucio Mi padre ha vomitado y me grita ante los rayos del amanecer El amanecer me avergüenza Mi corteza era oscura y prendida en su centro como la Tierra hace mil quinientos millones de años Más que los años en mi rostro me grita mi padre Más que el Sol escribieron sus manos alcohólicas por todo el mundo sobre las pirámides y los ríos y la agricultura y en el ganado sumerio Escribieron sus manos alcohólicas en los techos de estera y en las barcas del norte y en la religión de palo Escribieron sus dedos en los arrozales en la roca naranja en el techo de los mundos concéntricos Escribieron sus manos llenas de vómito en los silos y en las canciones oceánicas En la crucifixión del dios del vino En la jaula del diablo y en las cabezas de piedra como fichas en las llanuras Escribieron las manos de mi padre más que el Sol agarrando los corazones y trazando los doce equinoccios de la primavera Escribieron sus manos el cero orgánico y la combustión molecular Escribieron sus manos los rieles de la máquina de vapor y el cronograma de los dividendos del número pi Escribieron las manos inmundas de mi padre los cerezos y los jardines del emperador Los laberintos de las mitologías Los demonios devorados por otros demonios devorados por otros demonios devorados por otros demonios Y todos fueron naciendo cuando mi padre los iba abriendo de la barriga como a los perros muertos Mi solastro padre vino a golpearme Mi solastro padre escribió la magia y el oro de los viajes robados a la juventud Agarró los cuchillos de la cocina y abrió los ojos de los recién paridos por los lotos Descubrió la danza mientras tropezaba por la alacena y todos bailaron la noche de las estrellas fugaces

Escribieron sus manos alcohólicas el parto de los reyes y el comercio de las especias Los orificios de los mundos subterráneos y las plantas eólicas de la suspensión celestial Escribió los damascos rodando sobre los tableros de las familias Escribieron sus dedos temblorosos las apariciones de múltiples platillos voladores mientras tipeaba por el pasado el presente y el futuro a los seres extraterrestres

Escribió mi padre sus descubrimientos sobre la materia y la reformulación de las partículas No supo en dónde detenerse y sus golpes sucedieron entre ayer y pasado mañana La pasión se postró en el frío Enrojecieron sus rodillas y escribió mi padre una edad plateada sobre los campos Mi padre borracho escribió el desarrollo y la idea de las abejas como metáfora del tiempo Ondas Ondas en los descubrimientos que deja para nuestra edad quieta en la galaxia Mi padre fumaba con sus manos atómicas y sus vocales germinantes

Escribió mi padre las rebeliones mientras me molía a golpes y yo aullaba mestizaje Escribió mi padre la ciudad de la baja marea y la ciudad del ocultamente Escribió mi padre la idea de un planeta colisionando y al mismo tiempo ocultaba los cadáveres en el refrigerador Escribió la parábola de los espejos y aunque no tenían sentido sus palabras repetía el nombre de los héroes por el tiempo que duran sus nombres Caminaba tropezando y mi padre borracho derramaba los vasos sobre las estrellas Escribieron sus manos ásperas Se calzó los zapatos Se fue mi padre de este mundo como un ángel

(De Los poemas que vi por un telescopio)

***

Los niños dejan alas de insecto perdiéndose entre el aire Pero no son alas de insecto ni son preguntas ni son sueños son niños que dejan a otros niños perdiéndose en el aire.

a dónde va el aire sino adentro a dónde ir sino afuera con cuánta facilidad con cuánta felicidad resolverse en dibujos cantar embrujado abrir las puertas rugientes y entrar y salir respirando a su oro

desde entonces nada ha sido mejor Niño ha estado recostado en los cuarzos en un desierto de cuarzos en un planeta de cuarzos en un universo crisol

eran épocas remotas de secreción de miedo embadurnados íbamos del miedo estériles de sueños humeantes de miedo resecos de valor y empapados sí empapados amándonos

y tu vida era hermosa y tu escritorio era de plata y tus ojos iban indicando a tus dedos o tus dedos indicaban a tus ojos dónde estaría el Mar del valor

Auquénidos Marítimas totoras Aqueos que iban pasando por los faros abandonados por las esclusas abandonadas por los muelles abandonados Saqueando y corriendo brincando o buscando soles verdes Insectos plantas animales pieles y banderas sobretodo banderas con que confeccionar vestidos y luego levantando sus faldas moches se venían navegando cual zetáceos entre los atardeceres de yodo hacia la polinesia

(De El Cinturón de Kuiper)

VALERIA MEILLER (Azul, Buenos Aires, Argentina, 1985)

VALERIA-MEILLER

Aguada

Durante una inundación, los más fuertes
se reúnen arriba de un árbol.
Con el agua en todas partes, la familia en el techo.
Hacer un barco de la pata de la cama. Una vela de sábana.
La primera solución es trepar. Trasparentes,
padres, abuelos y embarazos.
Los niños en el techo chupando
su ración de hueso preguntan
¿Dónde estará el sol? Y fosforecen.

Otros florecen además. Niños trasparentes nacen bajo la lluvia.
La partera a nado
asiste a las madres sin dar abasto. Un perro la sigue.
Los más chicos sacan la lengua y beben la lluvia.
Muchas gotas es varón, entonces eligen un nombre.

*
Algunos rezan de rodillas sobre una chapa roja. Último bebe.
Bebe de rodillas en el borde del techo, toda
la cara en el agua, la nuca al cielo.
Con la panza hinchada y el agua en la chimenea casi, el agua
en todas partes…

*
Pongo las manos en el agua por vos y se tira
de cabeza al campo para buscar
más recipientes donde poner el agua, las últimas
cinco cacerolas de barro, tres
grandes recipientes de lata.
Dos lecheras, un balde que no arrastró
en los estantes de la despensa la corriente.

Y se mueve por la casa como si no
nadara, con tanta soltura…

*
Después de una semana de lluvia, una cabeza
es cuajo amarillo. Veinte cabezas, una mina de azufre.
Tristeza de leche agria hace llorar
ni tragarse un hueso va a salvar el brillo.

(De Recreo)

Conejos

2

Fue el verano de los cartuchos suaves, agazapados para el tiro al salto, vestidos del color de la maleza. Era un año en que todos los conejos del coto caerían enfermos y eso la había impresionado tanto que en oportunidades todavía soñaba con largas hileras de animales muertos y se despertaba para tocarse los brazos y saber que no llevaba una escopeta. Habían elegido las armas y determinado la cantidad de balas cuando recibieron la noticia. Él había llegado en mitad de la mañana con la cara partida de sorpresa para decirle, las vacunas no habían funcionado. El destino era un misterio ingobernable: la muerte benévola y mansa cediendo ante la muerte benévola y mansa. Cuando su abuela todavía vivía y en la víspera de la navidad visitaban a las hermanas, la visita era la rutina de los años antepuesta a la rutina del té. El monasterio sólo existía en el filo silencioso de la siesta y el ladrido de los perros cortaba el aire. El misterio que coronaba las catedrales era el silencio, todas las familias lo habían aprendido al asomarse al círculo del oro y los que rodaban, en el centro del anillo, eran los hijos.

(De Tilos)

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Pequeñas impresiones sobre Rōma [libro futuro de SBC]

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                                                           (imagen: Takato Yamamoto)    

UNO

Hay una geometría que tiende a repetirse. Un tableau vivant cuya representación sólo admite a los cuerpos del deseo. Rōma no existe. Rōma ha dejado de ser un lugar inamovible en los mapas del mundo.

DOS

Sentir amor. Hablar con símbolos. Decir relámpago, decir imán. Agitar las alas del pájaro más pequeño del mundo. Algo inocente e insubordinado a la vez. Así es como Susana Bautista Cruz escribe estas páginas, como una confesión, un diario de infancia, una plegaria a quién.

TRES

Una mujer amando a una mujer es capaz de reordenar la luz sobre la esfera celeste.

CUATRO

Pero la luz se quiebra y deja caer vestidos negros sobre las amorosas.

CINCO

¿Cuánta tristeza puede retener un solo cuerpo? El deseo promete un sufrimiento, algo entre la voracidad y el exterminio. Como si todo aquello que tocara la ternura, después se enrareciera.

SEIS

Habitar la Casa del Sueño para protegerse.

Fracasar.

La ausencia siempre es voluptuosa.

SIETE

Sobre la mesa descansa el colibrí con el fulgor de lo que ya no se alimenta. Un corte de escalpelo en la parte trasera del animal bastará para arrancarle la piel. Remojo. En el agua donde una vez se desviaron los pequeños buques de la memoria, ahora se lavan y rehidratan las plumas. Desnaturalizar. Luego curtir, engrasar la piel. No se puede resistir una belleza tan desapacible. Su corazón, el más grande (en proporción) del reino animal, aún aletea.

OCHO

El [des]amor es una insolencia, una furia, algo demasiado abrupto. Eso creo. Pero en las páginas de Rōma la autora canta a la altura de un solo riesgo: defender con nostalgia el cuerpo que no se ve. Lo real imaginario. Todo lo que el sueño contiene. La Mujer de Manos Suaves y Cuerpo Tibio existe. Con su “gran pequeña tragedia interior”, Susana Bautista Cruz la nombra y la funda en la noche despierta, donde afuera es adentro, donde el desasosiego y la serenidad alumbran las paredes de la casa.

 

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MUY JÓVENES Y MUY LÚCID@S: nuevas escrituras [latino][hispano][americanas] (b)

GERARDO ARANA (Querétaro, México, 1987-2012)

Gerardo Arana

Met Zodiaco 
(Fragmento)

Acción:

Rugido láser. Programación desconocida. Máquina decidida a no detenerse. Feroz y exacta. Como tren rápido al fin de la noche. Walter se vuela la cabeza. El vagón sigue su curso. Dos horas después encuentran el cadáver. Reproducción. Masas. Mercado. La ley de Pareto. Sólo el veinte por ciento de adjetivos. Esa es la historia. Suave patria. México veneno.

          Las hojas negras se fueron recopilando en la plataforma de salida. Hoja negra sobre hoja negra.

          Una vez más frente a la fotocopiadora. Vuelve a iniciar la novela. Escritor detective desvelado. Ganas de toser sangre. En su garganta no hay sangre. Sólo magma rosa y dientes.

          Sostengo las hojas entre las manos. Sostengo las hojas negras.

         ¿Qué son ciento cincuenta hojas negras?

          Una constitución.

          Una constitución para ratones ciegos. Una constitución que sólo puede leer la gente que ve en la obscuridad. Una constitución para nictálopes.

Aquí es mi primera novela. Mi país, mi clima, mi mundo privado. Las hojas negras mi constitución. Yo sé. Aún no ocurre nada. Espere. Tenga paciencia.

          Que quede claro:

          Entro al cuarto de fotocopiado. La fotocopiadora imprime hojas negras. Hoja negra sobre hoja negra. Es terrible. Causa magma y baba. Hack ha muerto. Yo no me siento bien. Me acerco a la copiadora. Es la constitución del hacker ratón. Vacío y auge. Auge e historia. Instante crucial en la tierra.

          Operaciones mentales:

          Cuando los personajes son ideas y la estructura de la narración está inspirada en la personalidad de un delincuente, todo indica desastre.

          Se enciende la copiadora. Hacemos click en el simulador de pesadillas. Road trip esquizofrénico. Pesadilla relatada: Hack desaparecido. No hay desafío motriz. No hay que cruzar el pantano. Ho hay que dispararle a nadie. Sólo hay que esperar.

          Pura psicología, pura mala onda. Puro lenguaje. Joyce se estrella en una motocicleta. Joyce División. América caníbal, arena movediza. Se me va la novela. Ian Curtis convulsiona frente a su chica.

          Me desvío, la novela se desvía. Entre sonido y sentido. Entre las aventuras y los apocalipsis; entre la formación sentimental y la madurez sangrienta, entre la sobrevivencia y la profecía, entre el homenaje y la destrucción.

          Hack está muerto y si no está muerto huye de casa para destruirse. No lo voy a volver a ver. Hack atraviesa américa deteniéndose a fumar un cigarrillo en cada hotel de paso.

          Hack no aparece todo es mi responsabilidad. Acción y conciencia. Vida narratoética. Narrar y vivir. Ser rápido y listo. Escapar, no perseguir. Esperar.
62570 muertos y no hacer nada.

          Escribir novelas en casa. Novelas para sobrevivir a la noche. Se tiende un mapa. Hay una ecuación en la ventana. El escritor desvelado descubre un misterio. Se ha estado metiendo coca y ha estado jugando Grand Theft Auto. Roba un auto y lo conduce en sentido contrario. El acelerador es gatillo. La aventura se invierte. ¿Cuál de los 70000 crímenes voy a resolver primero?

          Yo fui asesino en la guerra de los medicamentos.

Poema publicado en Periódico de poesía

LAYLA MARTÍNEZ (Madrid, España, 1987)

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1.

Los niños deformes son dignos de amor. A pesar de sus boquitas ansiosas y sus lenguas ansiosas y sus glándulas ansiosas. Amadles como amáis a los soriásicos de rostros lácteos y a los supurantes de encías azules. Amadles a pesar de sus deditos sórdidos y sus manos rechonchas. Amadles como amáis a los amputados múltiples de pollas y a los retrasados que habitan el reino blanco. Amadles a pesar de sus eccemas húmedos y sus clavículas obesamente mórbidas. Amadles y después dadles de comer las sobras de vuestros platos y decorad sus jaulas.

Viento del norte

Cada vez que el viento del norte congelaba el agua de los pozos, la muchacha de labios morados acudía al bosque y daba a luz a un niño. Un niño diminuto como las crías de la comadreja o como las larvas que los santos colocan en los oídos de los hombres. La maleza recogía al niño y lo alimentaba con la leche blanquecina que manaba del interior de las plantas y con las alas transparentes de los insectos. Pero la leche que manaba de las plantas y las alas de los insectos eran amargas. Por eso los niños crecían con los huesos frágiles y los cabellos quebradizos. Por eso conocían la pureza, que es amarga como el sudor de los hermanos que duermen en el mismo lecho,

como el llanto de los adolescentes que mueren pisoteados por los ciervos

como las oraciones de los que rezan arrodillados delante del espejo mientras los ángeles flotan en la cocina

como los lamentos de las novicias cuando el mecánico ajusta sus paladares postizos o aprieta las correas de sus camisas de fuerza

como las súplicas de los mancos en estado de hipnosis cuyos dedos fueron devorados por las cenizas

como los cantos de los cordeleros de manos temblorosas que fabrican las sogas de los condenados.

Con el paso de los inviernos, los niños crecían acunados por la maleza. Nunca abandonaban el bosque, pues la maleza es engañosa como el calor de los invernaderos y celosa como los novios ciegos que abrillantan sus botines cuando cae la noche. Solo uno de ellos se atrevió a salir del bosque, pero el que conoce la pureza no puede pronunciar en voz alta los nombres de los árboles ni conoce las señales de la pestilencia. Al cabo de unos instantes, se encontró rodeado por un enjambre de moscas, a causa del cual perdió la razón durante tres años.

“Viento del norte” forma parte del proyecto tus ramas/mis huesos de la fotógrafa Dara Scully

 

       
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MUY JÓVENES Y MUY LÚCID@S: nuevas escrituras [latino][hispano][americanas] (a)

Así comienza: poéticas en pleno funcionamiento, escrituras del desacato, pequeñas actas de nacimiento. De dos en dos, porque sí. En desorden, porque no se puede ordenar algo tan vivo. Aquí hay artefactos, cuerpos lingüísticos, universos múltiples. Aquí, las tradiciones inexistentes, futuras, la poesía como defensa del porvenir. 

RUTH LLANA (Asturias, España, 1990)

Ruth

La premura de Anselmo

Tan pequeños y desacertados, los trazos, en la mano, para el cruce de las vías donde se corte el aire. Tu premura Anselmo, tu premura escondida en la necesidad de la ceguera, quizás en ese revuelo, en el tuyo Anselmo. El cielo se cae de entre las manos, y descubres el poder de la rasgadura, de cualquiera de sus sinónimos. Estar cerca no es el espacio Anselmo, si te quedas en el centro lo entiendas, por el extremo que nos lleva y quién sabe si procurada también la premura que te tambalee. Anselmo tu premura y mi premura juntas crean el cielo, pero nuestro espacio crea solo nuestro espacio y nada ya te asegura la virtud. En tus manos la tela de los vestidos golpeados contra la piedra, olvidas Anselmo las rodillas de tu abuela hendidas junto a la tierra oyendo ciega el río con fuerza Anselmo regresas, las manos con fuerza golpean tu cuerpo contra las rocas para secar tus vestidos. Anselmo, tu necesidad y mi necesidad juntas no pueden crear el lenguaje. Con premura regresas a tu madre y olvidas los elementos, y qué está cerca y qué está lejos, para ti puede ser algo más que un absurdo paralelismo con la rasgadura. Por eso una piel que ves está dañada, por la premura del azogue, en el relato del tiempo y quién te diga “Anselmo, no te apresures”.

 Deseo de ser arquero

Nace para ser caballo ilota y relámpago y cartón y olor y tiembla tierra tiembla. Nacer para ser soplo de vida aliento, crin al galope vienen los cerros hacia mí – hacia ellos nos desplazamos nosotros, violentamente luces, esclavos. Golpe percutido (de los ojos negros sin sombra).

Respira la pausa por todo destino lo que se va, consuelo buscado en los golpes de las pezuñas contra el polvo, mantiene su memoria en las rodillas de los elefantes.

Río que transcurre, la mano del oso descubre en el interior del agua (reflejo en los ojos negros del deseo de ser crin y galope, espíritu, garra, nutria)

Golpe del suelo en los cascotes, golpe del suelo en los pies alargados hacia las estrellas (hacia los muertos).

Voy hacia los muertos, hacia los grandes cañones del desierto. Las plantas señalan el hogar del nacimiento. Para ser, momento antes, miedo hormigón tiembla.

Deseo, dirección, deseo; hacia donde voy los muertos como nutrias disparan sus arcos, y tiembla como retrocedo, voy con los muertos con la piel misma de los pies quemada, una superficie tras otra, tras otra la misma, el mismo miedo, peso que  se pronuncia de correr descalzo hacia mí corren los lugares descalzos, hacia mí los muertos descalzos  yo hacia los muertos  descalzo.

JESÚS MONTOYA (Mérida, Venezuela, 1993)

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1.

Mi conciencia es vieja
áspera y maldita.
Me están matando las veces que perdoné entre las flores.
Perdoné,
perdoné y nada más quedó el silencio.

2.

Fumo sin parar desde la mañana,
si paro me abrazarán las rosas.
Giorgos Seferis

Amo la pérdida. Amo mi absoluta desaparición. Mis ojos despegando con el viento, enredados, enraizados con la luz de la tarde. Camino sobre la lluvia escribiendo el poema. Escribo el poema en mi alma y la lluvia lo aplasta. Fumo y escribo el poema inagotable. Lo escribo desde mi rostro, este rostro sin movimiento que nadie ve, este rostro de colores abandonados, colores, que ningún labio toca, que ningún labio arranca, este rostro que es ojera y risa, grito y muerte, azul y sangre. Mis besos son canciones. Diré que no sirvo para nada. Diré la verdad. Diré que soy niebla entre la niebla, y yo amo mi insondable desaparición. Tengo vacíos los cuadernos y la casa y mi esperanza también está vacía, esperanza viento, esperanza humo. Rezo porque olvido. Fumo y escribo el poema, lo conozco. He conocido el poema como una plegaria. Lo he conocido desde el charco, desde el hielo enamorado de mis manos. Amo como nadie y a nadie amo. Amo la pérdida. Amo desde el aire y desde él escribo el poema. He escrito el poema y lo he perdido. He escrito el poema y lo he matado. He escrito orilla y mano, quebranto y olvido. Me sé de memoria esta infinita pérdida.

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Nos crece la infancia, nos crece la muerte [o las cosas que me llevaron a un poema de LUNA MIGUEL]

tumblr_lcmbechSej1qzdvhio1_r3_500Hoy he visto un barco que se hunde, un animal que despierta. Leí, tarde, la noticia de la publicación de Elegía Joseph Cornell, de María Negroni. Vi una vez más esa pequeña filmografía, “Children’s Trilogy”, hermoso, inapropiado, fascinante trabajo de Cornell. La niña blanca, la niña desnuda, la que no abandona a Negroni y todavía un caballo galopando. Todo esto es la poesía, me dije, todo esto nos devuelve la infancia, nos arroja a la muerte. Entonces la palidez, la enfermedad y la belleza. Pensé en la niña blanca de La tumba del marinero, pensé 10 años no son nada. A la poesía de Luna Miguel, a sus artefactos líricos, me une algo invisible pero resplandeciente. Un virus del asombro, el gen de la sincronía. Descubridora precoz, conoce bien las formas (los ritmos) de los cuerpos que han sido sitiados. Y escribe por virtud, por desesperación, como quien va hacia las cosas del mundo como a los accidentes.

OCHO: MALA SANGRE*

Aleksandra(Imagen: Alexsandra Waliszewska)

La felicidad no puede ser experimentada ni por los vivos ni por los muertos. Eso me dijeron los que dibujaban tus ojos en un pañuelo blanco. Los que me tentaban: si otra persona, si una sola persona recuperara antes que tú este pañuelo, los ojos de tu amado desaparecerían para siempre. Los ojos. Desaparecería para siempre. Tu amante. Los ojos de tu amante/amado como una gallinita ciega. Ven. Date prisa. Tómalos la primera. Los otros niños corren más que tú. Tómalos antes que ellos. Nunca ganaste al juego del pañuelo, pero aguanta. Aguanta esos ojos estériles. Aguántalos sangrantes en tus manos, en tus globos oculares, los ojos sobre los ojos, y más ojos sobre más ojos. Introdúcelos en tu organismo. Pez de tres ojos. Pez radioactivo de dibujos animados. Toma los ojos de tu amado. ¿Cuántos ojos hacen falta para ver el mundo? ¿Cuántos iris, para creer en el amor? La felicidad es ciega, dicen. Nadie la ha visto. A todos nos mienten sobre su esencia. Que si mariposas en el estómago. Que si cucarachas en el pecho. Que si larvas en las varices. El terror también es ciego. El amor y las cosquillas. Nunca me gustaron demasiado las cosquillas. De pequeña mi padre me tomaba de las caderas y me hacía cosquillas. Presionaba tan fuerte mi carne que yo solo podía llorar. Debía llorar. Cuando la risa de la cosquilla se convierte en dolor. La infancia era dolor. La infancia era pesadilla. A veces mi padre me leía cuentos de Cortázar y yo solo temía por mi vida. Personajes extraños y apocalípticos rondaban mi cabeza por las noches. Los cronopios como monstruos. La infancia era cronopio. Las historias de Cortázar como el peor cuento de terror que se le puede leer a un niño. ¿Acabaré desdichada? Pensé. ¿Será mi futuro el de un cuento de Cortázar? ¿Respiraré bajo la tela gruesa de este jersey naranja? ¿Me encontraré conmigo misma de frente, en mi sofá, leyendo mi propia muerte en un papel? Me dijeron: toma los ojos de tu amado. ¿Y yo?

¿También acabaré ciega?

Decía,

¿desdichada?

*Poema de Luna MiguelLa tumba del marinero, La Bella Varsovia, España, 2013.
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“Elegía. Joseph Cornell” [María Negroni]

tapa retro original cvs

(Imagen: Tapa del libro “Elegía. Joseph Cornell”, Caja Negra)

No saber es dificilísimo. Es como perderse. Uno cree que es fácil pero no. Todo más bien nos lleva a la repetición, a volver a lo consabido, a lo pensado o sentido con anterioridad. Por eso, digo que la poesía es una forma de conocimiento, una epistemología, que parte del no saber y se dirige al no saber, esa zona donde hay que convivir con lo innombrable, e incluso lo impensable. Reducir la visión a cero es otra formulación de lo mismo. Como si dijéramos, habitar (y tolerar) el silencio. Beckett expresó esto mismo con una claridad impresionante cuando dijo que todo lo que puede pretender un artista es fracasar mejor.

María Negroni, en conversación con Miguel Zeballos

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SEÚL: [imperia] + Tan frío el verano

DTF(Imagen: Saza RR)

Acompañada del trabajo audiovisual del colectivo de artistas venezolanos Tan frío el verano, estaré en Seúl leyendo poemas de [imperia], libro recién editado por la Fundación Editorial el Perro y la Rana (Caracas, 2013). Celebro la forma en que se van tendiendo pequeños puentes para ser atravesados junto a músicos y creadores tan alucinantes.   

(d)Texto extraído de “el aislamiento de los cuerpos puros”, de [imperia].
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[Improvisations de jardin IX]

HD(Imagen: Henry Darger)

[astrantia, sanicula hembra] grandir dans le lieu violent. comme les coquelicots. étudier scrupuleusement la production des désastres. montrer (noires) les dents. de cette façon chasser celles au visage magnifique.

[monarda fistulosa] dans la périphérie toute déclaration de solitude est inutile.

[astrantia, sanicula hembra] tu devrais comprendre mon passé. une célébration. Nous ouvrions les veines à cause de l’atroce et du merveilleux.

[monarda fistulosa] mon imagination ne connaît pas les noms.

[astrantia, sanicula hembra] et la couleur ? la température ? le gris de mon cadavre est trop brillant. p a u s e. dix minutes après. (abrutie d’un vin mauvais) j’ai contracté l’amour auprès de l’humain inconnu.

le jardin est un lieu qui existe dans le rêve. la scène qui se joue là appartient à une femme à un hôpital à un livre : celle qui descend de l’opium s’évanouit entre des fleurs malades. elle espère qu’une main la prenne par le cou comme aux animaux.

[monarda fistulosa] es-tu revenue du lieu de l’amour ?

[astrantia, sanicula hembra] je l’ai traversé à l’aveugle. comme si je reconnaissais la vertu des graines. je me suis alimenté de la dépravation. de la tendresse.

[monarda fistulosa] j’ai aussi été perforée. la musique et le danger. une langue très longue.

[astrantia, sanicula hembra] tu vis comme si la dégradation te protégeait. mais tu apprends à prier. et à te déshabiller. comme si tu craignais la mort. observe. les enfants se peignent les mains avec la couleur du sang menstruel. notre présent est d’un rouge plus violent.

Versión en francés hecha en colaboración con Sebastien Formica
Original, en español, aquí.
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X Festival Mundial de Poesía de Venezuela

PROGRAMACIÓN 10mo Festival de Poesía Venezuela II

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